CASS McCOMBS + FRANK FAIRFIELD (20-01-2014) – Teatro Lara – Madrid

Cass-McCombs

Vamos Con la segunda parte de esta noche que empezaba tan bien. Era el turno de Cass McCombs. Tras preguntar al público qué tal y ver la tímida respuesta de estos, parece que algo de timidez se le pegó y fue el primer, segundo y último esfuerzo que hizo para entablar un diálogo. La verdad es que la concentración de todos los músicos fue bastante grande y en parte es normal ya que Cass McCombs fluctúa entre canciones pop-folk breves y desarrollos a veces de toque tántrico (es decir, basados en la repetición) bastante largos.

Cass McCombs

Viendo su concierto, y escuchando su último disco, Big Wheel and Others, Cass McCombs me recordó a un tipo cuyos derroteros, a pesar de las distancias de estilo, me resulta similar (¿influencia del territorio de Los Ángeles?). Hablo de Jonathan Wilson. En directo, Jonathan y Cass afrontan el concierto de forma muy similar: no hay aquí desarrollos épicos ni concesiones a la galería. El teatro Lara es un escenario perfecto, porque, aunque McCombs tiene esa vertiente de su estilo que puede llegar a recordar al estilo independiente, con canciones más aguerridas, lo más normal es que te dejes llevar por temas de cadencia menos decidida pero igualmente hipnóticos. Así, como ejemplo del primero está “Lionkiller”, sin duda una de sus canciones con sonido de vertiente más alternativa y que tuvo una pegada más fuerte en el concierto, con los tres músicos de cuerda poco a poco acoplándose uno a otro, primero las guitarras y seguidamente el bajo, alargando la canción sin que en ningún momento se acusase ningún tipo de fatiga. Esto se salpicó de temas de su último disco, suaves, plácidos como son “Name Written in Water” o más adelante “Home on the Range”. Es curioso que precisamente ese fluir de las canciones, como un río, se termine en general de forma abrupta, seca, sin ningún tipo de aspaviento.

Cass McCombs

Y es que el tiempo lo marcaba el propio estilo de las canciones. Si el cancionero estaba dedicado en un porcentaje bastante alto a su doble último disco, de corte más clásico, eran las canciones como “Dream´s Come True Girl” o “My Sister, My Spouse” las que se llevaban al gato al agua a la hora de dejarse llevar (por tanto, acaparando más tiempo) y con todo, haciendo que el concierto respirase mayor aire de libertad. Así, se notaba más ceñido a tiempos convencionales al principio, donde se condensaron canciones de su último larga duración, alguna de las mencionadas o “Angel Blood”, única y hermosa concesión a la pedal steel que por lo demás se quedó aparcada el resto del concierto, para pasar con “My Sister, My Spouse” o “Lionkiller” a algo muy diferente, encaminado casi más al goce de ellos como músicos.

En resumen, Cass McCombs es el tipo de músico con un directo exclusivamente musical y que al menos en mi caso, por esa especie de doble tendencia de su estilo musical, así como por su forma de desarrollar el directo, más  encaminada a que la música hipnotice, en lugar de generar sentimientos más pasionales, hizo del arrebujamiento en el sillón del teatro Lara, una experiencia doblemente satisfactoria.

 

FRANK FAIRFIELD

EL HOMBRE DESASTRADO: FRANK FAIRFIELD

No solemos hablar mucho de los teloneros, aunque siempre ha habido notorias sorpresas (la última, que yo recuerde, Leone). El caso es que Frank Fairfield nos dio una de estas. Primero, mala: un telonero, entre semana, siempre te da algo de pereza, especialmente a los que rascamos horas de sueño. Qué poca consideración (por nuestra parte). En segundo lugar, buena: cuando vimos aparecer un tipo con aspecto entre polaco y ruso, desastrado, con dos tallas más grandes (en chaqueta, tres si hablamos del pantalón), y que con delicados movimientos dejaba a su derecha, sobre el suelo, violín y banjo, a su izquierda, guitarra acústica. Es Frank Fairfield sentado en su silla.

Varios son los puntos a su favor: su voz, su discurso y su música. Se inició tras un discurso errático, y sorprendentemente entendible, con frases en perfecto castellano intercaladas, con un tradicional instrumental al violín. Tocado con mucha pasión, daba igual las imperfecciones en el desarrollo porque de lo que se trataba era de trasladarnos en el tiempo. Pero espera, masculla dos veces y nos deja escuchar una voz peculiar, algo que se confirma cuando en el segundo tema, recoge el banjo del suelo y comienza a cantar otro tradicional. Uno cierra los ojos y piensa: “Ahora mismo, en la sala no es el siglo XXI, estamos a principios de XX y un abuelo errante está tocando en medio de algún camino”. Una voz temblorosa, vieja, llena de sentimiento.

El broche de oro, tras mucho comunicarse con nosotros, de comentar la mucha influencia que hay en el sudoeste de  Estados Unido de música de Málaga y de Cataluña, de comentar las tradiciones vaqueras de las cuales vienen algunos tradicionales que nos canta, nos lo da “Las Isabelas”, un tema cantado en español, con la guitarra acústica, y que con su especial voz, suena sutil y bello.

Gratísima sorpresa. Solo un apunte. Fairfield ha sacado su tercer disco el año pasado, se llama Ingleside Recordings. Los amantes de los músicos blues y country de principios de siglo, con esas grabaciones ásperas, con un solo instrumento y de sonido típico de la época, lanzaros a por él. El resto, abstenerse. Eso sí, si se pasea por vuestras salas o bares, no dudéis en disfrutar de este artista, tan extravagante como emocionante.

Por Rock in Chains
Fotos: Javier Luzuriaga

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