Sean Rowe (19-05-2013) – Teatro del Arte – Madrid

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No tenía muchas expectativas en lo que respecta a este concierto, lo que no significa falta de ganas. La cosa es que solo había escuchados su último álbum, The Salesman & The Shark, de rica pero sutil instrumentación, con sus maravillosos coros femeninos dando contrapunto a esa poderosa voz, y muy por encima su anterior Magic, más minimalista e íntimo. Pero no lo suficiente para ir más allá de la obviedad de su versátil y sensacional voz.

Un poco de temor si había a que fuese el típico concierto de cantautor aburrido. Un escenario desnudo, dos guitarras acústicas, un saludo tímido y los primeros acordes de la animada “Joe’s Cult” de su último disco, y el hecho de que se quede de pie y se mueva al ritmo de la canción, bastan para quitarnos de un plumazo cualquier sensación de que vayamos a pasar una noche tediosa. Porque los momentos álgidos no se hacen esperar, ya que “Flyin”’ suena a continuación, una de las canciones más bonitas que se han compuesto en lo que va de década, con Sean soplando la armónica como si le fuera la vida, y viviendo cada sentimiento que se expresa en la canción. Consecuencias: pelos de punta y nudos en la garganta.

Las canciones no pueden sonar más diferentes, totalmente desnudas,  es entonces cuando te das cuenta de lo importante que es esa instrumentación tan sencilla que el de Troy usa en sus discos. Pero aquí mientras Sean va intercalando temas de sus dos discos antes citados, “Signs”, “Bring back the night”, “Old Shoes” o “Long way home”, con temas nuevos como “To Leave something behind” o “Runner” ,maravillosas composiciones de un autor que será clásico sin pretenderlo siquiera, y grandes versiones, poderosa el “Goin’down” de R.L. Burnside, íntima el “Girl from the North Country” de Dylan, uno no tiene más remedio que fijarse en lo esencial, o sea, en esa maravillosa voz que la naturaleza, que él tanto ama, le ha dado, poderosa, pero versátil, sutil cuando quiere, desgarradora por momentos, aullando a la luna, algo que en sus múltiples aventuras en lo salvaje, seguramente Rowe habrá practicado más de una vez.

Y estaba pensando, “Pues sí, Tom Waits , Mark Lanegan , Bob Dylan…pero no sé, a mi como que me trae a los sentidos a Leonard Cohen”…y entonces arranca “Chelsea Hotel”, y las emociones se saltan a la torera cualquier barrera.

Sean Rowe va alternando los temas tranquilos con los movidos, y en estos realmente roquea duro. Aporrea la sexta cuerda de la guitarra dando la sensación de estar acompañado por un pequeño kit de batería y su guitarra suena como dos, dada la fuerza con la que rasga a su compañera de viaje…y no, Sean está totalmente solo. No solo su dominio de la voz es espectacular, algo ya esperado, pero que no impresiona menos por eso, sino que también es un fantástico guitarrista, y eso si que nos sorprende gratamente, ya que, además, le da al concierto un rollo muy especial y animado en general.

Además, es curioso que el hecho de que afine la guitarra constantemente entre canción y canción, no corte el ritmo del concierto, si no que da la sensación de estar compartiendo la intimidad de un músico, que se muestra tímido, pero comunicativo. Que como no podía ser  de otra manera, alaba los paisajes españoles que ha podido ver en sus viajes en tren por nuestra geografía.

El set principal no puede terminar mejor, su versión de “1952 Vincent Black Lightning” de Richard Thompson, pone definitivamente al casi centenar de personas que nos hemos reunido allí a sus pies. “Long Black Veil” ,el mítico tema country, que tanta gente ha interpretado, y que a mí siempre me provoca escalofríos y me lleva irremediablemente a The Band ,cierra de manera irreprochable un fantástico show de hora y media, lleno de energía, intimidad, complicidad, fuerza escénica y emociones a flor de piel.

Sean Rowe saluda a las primeras filas y sale por la misma puerta que saldremos nosotros inmediatamente, como uno más y allí nos lo encontramos. No tiene discos que vender, se lamenta, pero espera que vayamos saliendo y nos da la mano uno a uno al casi centenar de personas que acudimos allí, y nos agradece  nuestra presencia. Y nosotros a él la suya.

Gracias a mi amigo Javier Luzuriaga por su inestimable aportación a esta crónica.

Por Rock in Chains

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