HAVALINA (23-11-2012) – Sala Caracol – Madrid

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LA TORMENTA PERFECTA

Sold out en la Caracol el pasado viernes 23 de noviembre, y una legión de fieles haciendo cola para disfrutar de Havalina. No sorprende el llenazo, para verlos, ya que Havalina, es una banda, que el año pasado celebraba su décimo aniversario, y se han convertido en estos años en uno de los grupos referentes del indie nacional. Havalina es un rara avis a mitad de camino entre grupo de culto y éxito comercial, quizá ha sido su sabia combinación de momentos de sobrio intimismo con explosiones sonoras atómicas llenas de intensidad los que han logrado valerles esa merecidísima fama de ser uno de los grupos con mejores directos actualmente en España.

Manuel, Ignacio y Javier, de riguroso negro, guitarra, bajo y batería, y el más absoluto vacío sobre el escenario de la Caracol, una sobria puesta en escena, porque ¿quién necesita detalles accesorios?, teniendo allá arriba a tres músicos cuya guía es la contundencia sonora en directo.

Es de sobra conocido entre sus fieles que en un concierto de Havalina, se puede experimentar desde la soledad, el frío y la tristeza pasando al sexo, la rabia, y la fuerza de un segundo a otro. Manejan las emociones a su antojo, a golpes de guitarra, y silencios, con redobles de batería y bajos que se crecen, los tres perfectamente sintonizados son capaces de extender el éxtasis durante interminables solos instrumentales entre la audiencia.

Este era el concierto de presentación de “H”(Origami Records, 2012) un trabajo en el que definitivamente consolidan el giro a su estilo que comenzaron con “Imperfección”(Origami, 2009) y que les sitúa como uno de los grupos de referencia del rock en español, no sólo facturan letras de exquisita calidez animal sino que, como músicos, son intachables.

Con “Norte” dieron el pistoletazo de salida, a un recital de dos horas y media, sí, dos horas y media, nada más y nada menos, pocos gozan de semejante fuelle escénico. Tocaron tanto y tan intenso, que hasta dos veces nos engañaron entrando al backstage para volver a salir a seguir descargando su particular tormenta sonora.

La primera parte del recital, estuvo centrada en su último trabajo, que ya posee himnos coreables como “La Antártida empieza aquí” o “Viaje al sol”. Los problemas técnicos con el ampli de bajo sirvieron para que nos contaran que el tema “Compañías Felinas” está compuesto para dos gatos, y que “La Antártida empieza aquí” proviene de un libro de relatos del escritor chileno Benjamin Labatut.

Si con el cierre de la primera parte, Havalina hubiera regresado para tocar un par de bises más, nos habríamos ido a casa con la sensación de haber visto un buen concierto, sin más, sin embargo Havalina regresó para dar rienda suelta a la distorsión, al desvarío y descontrol escudado en su contundente sonido a mitad de camino entre el metal y el post rock atmosférico.

Durante los primeros bises, dejaron caer “Mamut” y “El Estruendo” y acabaron con “Incursiones”, en un eterno endless end instrumental, Javier,el batería, salta y agarra el tom de piso de la batería para llevarlo al borde del escenario, y comienza a tocar un enorme redoble, los tres se desatan como fieras salvajes sobre sus instrumentos, mientras aparece otro batería, para tomar el puesto abandonado por Javier, doblando los ritmos, el sonido se hace atronador y la Caracol se pliega ante ellos, el público hasta ese momento contenido comienza a saltar mientras se desata la batalla final sobre el escenario.

Fin de los primeros bises, Havalina vuelve a las bambalinas y el público incluso comienza a abandonar la sala, pero los tres vuelven a salir, para, esta vez sí, definitivamente rozar la épica con “Desinspiración”, uno de los temas más reconocibles de su repertorio y con el que se alargaron durante casi diez minutos de juegos a tres, con Manu al borde del escenario capitaneándoles con un absoluto dominio de la guitarra, deshaciéndose en eternos solos.

Exhaustos y agotados, así nos fuimos de la Caracol, los que habíamos disfrutado de la tormenta perfecta que descargó Havalina con “H”, una letra tan muda y tan callada para semejante intensidad sonora.

Por Janos Miriayi

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