VETUSTA MORLA (27 y 28-10-2012) Conciertos Fin de Gira – Teatro Circo Price – Madrid

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Todo y nada queda de estos chicos de Tres Cantos, amigos de instituto, que comenzaron su andadura juntos, allá en el año 98, y que tras un largo esfuerzo, varias demos y unos cuantos premios en concursos musicales, lograron lanzar su primer álbum, Un día en el mundo, en 2008. Todo, porque siguen manteniendo la frescura, naturalidad, y espontaneidad de sus primeros conciertos. Y nada, porque su evolución ha sido espectacular, consiguiendo una buena puesta en escena con su segundo trabajo, Mapas, y ganando confianza y seguridad en el escenario.

Si repaso las veces que les he visto en concierto, me sale la cuenta de once veces, en once momentos distintos, repitiendo o no escenarios, lugares y acompañantes. Esta vez sabía que no iba a ser como las demás, sería distinta por ser el fin de gira, el final de una etapa, y por el lujo de ir acompañados de la Orquesta Sinfónica Región de Murcia en estos cuatro conciertos en dos días. La idea de la fusión de lo clásico con sus canciones había surgido meses atrás, cuando juntos organizaron dos conciertos benéficos con el fin de recaudar fondos para la reconstrucción del conservatorio de música de la localidad murciana de Lorca, dañado por el terremoto de 2011.

Las expectativas eran grandes, el listón muy alto, tras el final de la anterior gira en La Riviera. Y sin embargo, desde el principio consiguieron crear una magia, que hizo que sea uno de los conciertos más emotivos para la mayoría de los que asistimos a él. Con la buenísima acústica del lugar, unos temas perfectamente arreglados y como si de una obra de teatro se tratara, el concierto se dividió en tres actos.

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El primero, un impecable acústico, que dio comienzo con la voz de Pucho y la guitarra de Guillermo tocando Pequeño desastre animal, Los Buenos (delicia de canción que no aparece en sus dos álbumes), Autocrítica, Al respirar y Mapas. Ya ahí se ganaron al público.
En medio de cálidos aplausos, dio comienzo a la parte central del concierto, cuando entró todo el séquito de músicos que componen la orquesta murciana, colocándose por su orden tradicional: cuerda, viento y percusión. Dirigidos por una simpática directora, que con su batuta, marcaba el paso de las canciones, cada cual más impresionante.
Las introducciones de la orquesta en Escudo Humano, Canción de vuelta, En el rio y Baldosas amarillas fueron una maravilla. Maldita dulzura, Copenhague, Boca en la tierra y Al respirar, canciones emotivas por sí solas, sonaron todavía con mucho más sentimiento, no pudiendo evitar alguna lagrimita por la emoción y los recuerdos. En Rey Sol, salieron a bailar las trompetas y tambores, y al oír las primeras notas de Saharabbey Road, nadie pudo contenerse, y todos nos levantamos para cantar bien alto su conocida letra que servía de fantástico final en la primera gira del grupo. Otra sorpresa fue Iglús sin primavera, poco habitual y perteneciente al Ep Mira. Y la guinda final lo puso Los días raros, que a mi parecer, fue simplemente perfecta, no puede estar mejor adaptada.

Y como dice esta canción, nos quedaban mucho más regalos por abrir y mientras la orquesta se replegaba y ellos se preparaban para el acto final, en la gran pantalla del fondo se proyectaba un video mostrándonos en cifras los acontecimientos ocurridos a lo largo de esta gira, incluido unos instantes para denunciar algunas de las miserias de la crisis actual y los agradecimientos a todo el equipo que les acompañaba. Enlazando el audio de la proyección que era la melodía de Lo que te hace más grande, dieron paso a la gran traca final. Valiente, El hombre del saco y La cuadratura del círculo sonaron apoteósicas, con el acompañamiento que nunca falta en estas dos últimas: el bidón, las baquetas y la energía de todos.

Y así fue como estos seis amigos, que un día decidieron crear un grupo llamado como la vieja tortuga de La Historia Interminable, se despidieron.
De lejos, en la pantalla, aparecían las palabras Fin (Hasta Pronto).
Quién sabe cuándo y dónde les volveremos a ver…ahora que de sobra ya hemos aprendido esto de que dejarse llevar, suena demasiado bien; jugar al azar, nunca saber donde puedes terminar…o empezar…

Por Beatriz García Martínez
Fotos Juan Rostes