PONY BRAVO (12-1-12) – Joy Eslava – Madrid

Si el mundo, sus gentes y sus cosas pudiesen dividirse entre lo que mola y lo que no, Pony Bravo estarían -sin lugar a dudas- entre los primeros. Pony Bravo molan. Mucho. Y en directo, remolan. Así lo demostraron el pasado jueves en una atestada sala Joy Eslava.

La cosa empezó con La voz del hacha, tema que abre su segundo disco Un gramo de fe, a la que sucedieron la hipnótica El piloto automático, la mordaz Super-Broker, la racial Ninja de fuego (genial apropiacionismo del tema de Quintero, León y Quiroga), la negroide Pumare-Ho! y casi todos los temas que componen su brillante segundo disco. Uno de los climax fue cuando llegó la triposa La Rave de Dios, momentazo para el que pidieron que les “encendieran la tuneladora” refiriéndose a los cañones de luz del escenario. Tampoco se olvidaron de algunos de los incontestables de su primer disco –Si bajo de espaldas no me da miedo (y otras mentiras)– como El Rayo o El guardia forestal.

Mientras todo esto sucedía, y los cuatro ponys se intercambiaban instrumentos a placer y enlazaban un tema tras otro llevándonos de viaje a un universo musical tan propio como dispar y caótico, una hora transcurrió, que se remató con un bis de otros treinta minutos en los que no faltó la perfecta Trinchera, la socarrona China da miedo y un tema nuevo Mi DNI, una acidísima y certera radiografía de la industria discográfica que dejó al público ya roto del todo.

Ver a Pony Bravo en directo es algo casi físico. Una experiencia electrizante. Son rotundos, contundentes, contagiosos (“hay que ver lo que nos gusta el macarreo”) y suenan más que bien. Tienen carisma y carácter, y ese viejo aire de roqueros de verdad. A estas alturas, no tiene mucho sentido hablar de fusión en el terreno musical, pero sí es de agradecer la falta de prejuicios de estos sevillanos, esa facilidad con la que parecen saltar del dub a la copla, pasando por la electrónica, el kraut rock, o el post punk; y recuperando algo tan nuestro en sus soberbias letras como es el surrealismo. Y, mucho más de agradecer, que respeten la inteligencia de su público. Eso, a fecha de hoy, es casi un hecho diferencial.

¡Pony, bravo!

Por Blanca Lacasa
Fotos Juan Carlos Quindós

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